Veredas, andanzas

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aconteSer hermenéutico Dos
Palabras clave

Hermenéutica Ontología Filosofía California Filosofía con niños Homo viator

Tabla de contenido

Anteloquia y agradecimientos -Ontología Dos y región de aconteSeres filosóficos: andanzas por el monte Estación de inicio DosCaminos, veredas y monte. Tesones filosóficos andariegos; cosa (otra) de métoDos o Dos Sur Plural -Andanza Dos Sur: "Cosas [otras] de método" Andanza Dos Sur: presentación de la doble anticipación hermenéutica y de su tiempo propio qua báculo caminero -Andanza Dos Sur: el monte como metáfora de lo nuevo (segunda navegación platónica, paloma kantiana y exterioridad decolonial) Veredas y andanzas I: filosofía California Primera estación de paso Dos: un caminar de espejos o andanza especular -Andanza Dos Sur: trabajo vivo, exterioridad, cosa de métodos, Ometéotl (señor-señora de la dualidad) y la dualéctica -Andanza Sur Dos: el Sur es los sures, Sur-es-ser-Es, Heidegger, Gadamer y Boaventura de Sousa Santos, metafísicas decoloniales Sur, de base ontológica Dos. Ometéotl. Alain Badiou y el acontecimiento, Peter Sloterdijk y las esferas, Dussel y la hipótesis migratoria mongola -Andanza Sur Dos: filosofía viator y pinturas rupestres californias Veredas y andanzas II: Filosofía con Niños Segunda estación de paso Dos: Bitácora de un sueño (andanza pedagógica) -Andanza Dos Sur: Bitácora de un sueño -Andanza Dos Sur: Jean Piaget. Interrogatorio (imaginación-sabiduría genéticas); Hans-Georg Gadamer. Plática (imaginación-sabiduría hermenéuticas); Mathew Lipman, Eugenio Echeverría y Enrique Dussel. Comunidad de diálogo (imaginación-sabiduría originarias) -Andanza Dos Sur: una experiencia de totalidad concreta en el Colegio Santee Veredas y andanzas III: Filosofía, Psicoanálisis, Literatura Tercera estación de paso Dos: Silencio (andanza amante) -Los dos comienzos y el silencio –que es un principio otro– "previo" a los comienzos Amor: encuentro: Lacan: cura: locura -Los dos comienzos… el silencio… segunda escena -Los dos comienzos… el silencio de la escena ebria -Los dos comienzos… el silencio del tiempo y las edades -Los dos comienzos… el silencio del espacio y los espejos Estación apeadero Dos, provisional: Dos Sur Plural

Extracto de texto

Un caminante revisa en casa algunos viejos y arrugados mapas. Mohosas marcas de colores señalan en ellos diversos destinos, eventos, fechas, nombres. Lee sus manoseadas bitácoras de viaje y echa a volar, en su memoria y fantasía, tiempos idos. Imágenes e ideas rumiadas hasta el cansancio vuelven a surgir, pero, no obstante su larga familiaridad con ellas, éstas (¡hop!) empiezan a producir de inmediato nuevos e imprevistos efectos de sentido. Tan lozanas, como fresca brisa vespertina frente a un mar veraniego en la bahía, viejas imágenes e ideas promueven y alientan una animosa voluntad de inicio a soberbias singladuras otras. En este tono anímico, el viandante sempiterno se apresta a emprender una salida más. Para ello, debe elegir con cuidado qué llevar en la alforja y qué dejar reposando en la poltrona: —Quizá en casa quede lo importante (reflexiona). —Deberá ser así para que la vuelta sea desde ya un buen motivo de la partida (sigue pensando). —Voto de viaje, plegaria de buena fortuna (dictamina como colofón a sus reflexiones). En un buen mapa se encuentran trazadas, de modo llamativo, todas las grandes autopistas. También las carreteras y terracerías son fáciles de reconocer. Aún las brechas tienen un claro sitio en un mapa que se precie. Haciendo ahora uso de la imaginación, querríamos construir una metáfora epistémica en la que todos los procedimientos cognitivos quedaran identificados con las líneas de ruta que contiene un mapa, tanto las vías explícitas como las implícitas, a las que identificaremos como “monte”. Así, las rutas explícitas, de la autopista a la terracería, representarían los procedimientos epistémicos asentados en prácticas lógicas acreditadas por su acrisolada fama histórica como firmes y seguras. Por ejemplo, el método científico sería, del siglo XVII al siglo XX, uno de los nombres más sonados y célebres para hacer referencia a procedimientos cognitivos con elevado rango de credibilidad objetiva. La intuición, por otro lado, sería uno de los nombres poco fiables en cuanto a objetividad para asentar con él conocimientos seguros. Ahora bien, por “caminos” y “veredas” querríamos marcar con mojones, en el metafórico mapa epistémico que estamos imaginando, dos límites posibles a todos los procedimientos cognitivos. En ese amplio campo, por ejemplo, “camino” designaría, como límite, al método científico, tal y como lo fue puliendo a lo largo de toda su vida don Mario Bunge –para sólo mencionar a uno muy insistente–, teniendo a la física por patrón. Mientras que, en el otro extremo, como límite, estaríamos señalando por “veredas” a todo el cúmulo de tropelías imitativas y adaptaciones ad hoc a la imagen de método idealizado por el propio Bunge. Es a estas prácticas senderistas a las que un célebre epistemólogo piagetiano sentenció, de manera irónica, diciendo que, cuando los psicólogos e investigadores sociales aplicaban imitaciones del método científico, eran tan científicos, como cristianos eran los salvajes evangelizados. En otras palabras: tiraban al niño con el agua sucia. O, dicho de otra manera: un psicólogo utilizando el método científico está seguro de hacer ciencia, no de estar haciendo psicología. Y, cuando se siente seguro de hacer psicología, ya no lo está de estar haciendo ciencia. Caminos francos y veredas silvestres.

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